Guatemala abrió oficialmente el camino para traer de vuelta los restos de Miguel Ángel Asturias, el escritor que convirtió la memoria, la violencia política, la raíz indígena y la imaginación latinoamericana en una obra de alcance universal. Mediante el Acuerdo Gubernativo 104-2026, firmado por el presidente Bernardo Arévalo, el Ejecutivo instruyó a las instituciones correspondientes a gestionar la repatriación del Nobel de Literatura desde Francia.
La medida responde a una solicitud de la familia Asturias y tiene una carga que supera el trámite diplomático. No se trata únicamente de mover restos mortales de un país a otro, sino de reubicar una figura esencial dentro del relato cultural guatemalteco. Asturias murió lejos de su tierra, en Madrid, en 1974, y desde entonces permanece en el cementerio Père-Lachaise de París, uno de los espacios funerarios más emblemáticos de Europa.

El acuerdo establece que el Ministerio de Relaciones Exteriores deberá coordinar, por medio de la representación diplomática de Guatemala en Francia, los pasos necesarios ante las autoridades francesas. A la par, el Ministerio de Cultura y Deportes tendrá a su cargo los procedimientos para recibir los restos y depositarlos en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, el recinto cultural más importante de la capital y uno de los espacios que lleva su nombre con mayor fuerza simbólica.
Las autoridades han señalado que el proceso podría concretarse en octubre, con el 19 de ese mes como fecha especialmente significativa: ese día se conmemora el nacimiento de Miguel Ángel Asturias, ocurrido en 1899 en la Ciudad de Guatemala. El ministro de Cultura, Luis Méndez Salinas, ha planteado que la inhumación pueda realizarse en el centro cultural que lleva el nombre del escritor, siempre que se resuelvan los trámites pendientes con Francia y la familia.
En paralelo, Guatemala y Francia ya avanzan en la coordinación de actos de despedida antes del retorno. Durante una reunión en París, el ministro Méndez Salinas conversó con el director del Instituto Cervantes de esa ciudad, José María Martínez Alonso, y con el embajador guatemalteco Rubén Estuardo Nájera Contreras. La idea es que el traslado esté acompañado por homenajes en espacios culturales europeos, no como despedida solemne y distante, sino como reconocimiento a una obra que viajó mucho antes que sus restos.

Asturias recibió el Premio Nobel de Literatura en 1967 y se convirtió en una de las voces latinoamericanas más influyentes del siglo XX. Su literatura cruzó dictaduras, mitologías, lenguajes populares, crítica social y mundos simbólicos que todavía dialogan con las heridas abiertas del continente. Obras como El Señor Presidente, Hombres de maíz y Leyendas de Guatemala no pertenecen solo a los anaqueles escolares: siguen funcionando como espejos incómodos de una historia que Guatemala aún revisa por partes.