El etanol es un biocombustible reconocido internacionalmente por sus beneficios ambientales y económicos. Al ser menos contaminante que la gasolina convencional y tener un costo de producción competitivo, se perfila como una alternativa ideal para reducir la dependencia del petróleo y avanzar hacia una movilidad más sostenible.
En Guatemala, sin embargo, esta transición se ve obstaculizada por un problema estructural: la mayoría de las gasolineras no cuentan con la infraestructura adecuada para manejar etanol. Este combustible requiere condiciones especiales de almacenamiento y distribución, incluyendo tanques resistentes a la corrosión, sistemas herméticos y materiales compatibles para evitar filtraciones o degradación del producto.

La situación ha generado resistencia al cambio. Aunque los beneficios del etanol están documentados y su implementación podría reducir significativamente las emisiones del sector transporte, los dueños de estaciones de servicio se enfrentan a costos de adaptación elevados. Además, no existen suficientes incentivos o políticas claras que promuevan estas adecuaciones.
La discusión no gira en torno a si el etanol es mejor o peor que otros combustibles: el verdadero obstáculo es la infraestructura, y mientras no se aborde este tema, Guatemala seguirá desaprovechando una alternativa más limpia, local y económica.
Adaptar una estación de servicio para ofrecer etanol no solo implica un cambio en los tanques de almacenamiento, también se requiere modificar las bombas dispensadoras, capacitar al personal y establecer controles de calidad más estrictos. Para muchos concesionarios, esto representa una inversión que no pueden asumir sin apoyo estatal o alianzas público-privadas.
A pesar de los estudios técnicos que avalan la viabilidad del etanol en Guatemala, y del potencial económico que representa para el sector agrícola nacional, aún surgen mitos en contra de este mismo. Mientras tanto, el país continúa dependiendo de combustibles fósiles importados, ignorando una oportunidad para diversificar su matriz energética y fomentar el desarrollo rural.
Si bien el etanol no es una solución mágica, puede formar parte de un plan de transición energética más amplio. Para que esto sea posible, es fundamental invertir en infraestructura, generar incentivos reales y construir una visión a largo plazo que coloque al medio ambiente y al desarrollo económico local en el centro del debate.
Guatemala tiene el potencial de aprovechar este biocombustible para reducir su dependencia del petróleo y contribuir al cuidado del medio ambiente.